El anciano dice que va a sellar la entrada y el elfo le ordena que espere. Keestake obedece y cuando salen del foso Marak y Lythandar, el elfo le permite tirar de la palanca: una enorme masa de rocas cae cuando se desmorona una gran sección de pared del foso. Marak y Lythandar han salvado la vida gracias a que el elfo paró la mano de Keestake y todos miran al anciano amenazadoramente. Este, sin embargo, lejos de pedir disculpas comienza a alardear de que todo ha salido según sus planes, de que su intención era proteger los bienes de sus señores de los ladrones, como fue en su día la de trasladar sus cadáveres a las catacumbas, deseando sobre el poderoso anillo de su difunto rey que sus cuerpos no se corrompieran. El anciano les revela que están encerrados en las catacumbas y que allí perecerán todos, porque no encontrarán jamás la salida. Entonces apresta una daga que tenía escondida y ataca con una mirada extraviada al elfo. Keestake no acierta y en cambio los aventureros lo hieren con dos tajos. El viejo se queda tambaleante, pero, en vez de rendirse, ataca alocadamente con sus últimas fuerzas, acertando su golpe, pero con tal debilidad que no inflige ningún daño y cae inconsciente y desangrado. Los aventureros lo registran. Alhelor y Melisana examinan entonces las estancias contiguas, encontrando en las dos cámaras más cercanas maderas de barriles y viejas telas con que se hacen unas antorchas. Entonces comienzan a oír gritos y ruidos procedentes de más arriba del derrumbe. Comprenden que orcos y goblins están trabajando juntos para abrirse paso hasta las catacumbas. La tercera cámara tiene las paredes llenas de baúles apilados. Alhelor encuentra un cable que la atraviesa de parte a parte y deduce que es una trampa. Intenta desactivarla, pero por torpeza sólo consigue activarla, cayendo los baúles sobre él y Melisana, causándoles bastante daño. Melisana reza a Osprem, rogándole que ayude al elfo y este queda milagrosamente curado. Alhelor busca muy detenidamente en la cámara de la trampa, seguro de hallar alguna salida o compartimento secreto protegido por la trampa, pero no encuentra nada. La única salida que queda es un pasillo cerrado por una cortina. La descorren y avanzan; alcanzan otra cortina, pero el elfo encuentra otro cable. Vuelven atrás y, desde lejos, lanzan piedras contra la cortina hasta que consiguen activar el mecanismo. Todo el revestimiento de piedras del techo se cae con gran estruendo sobre el pasillo, pero los héroes están a salvo fuera del área de efecto. Avanzan más y encuentran otra gran sala subterránea, dividida también en tres cámaras. La dos primeras se encuentran también repletas de cajas y baúles, pero los aventureros deciden no examinarlas, porque siguen escuchando ruidos de excavación procedentes del foso. En el tercer compartimento hay un pozo, del que proviene un ruido de agua corriente a bastante profundidad. El elfo y Melisana continúan explorando por un pasillo que se adentra más en el subsuelo. El elfo advierte que el suelo está combado y desigual. Salvo por la parte más pegada a las paredes, parece hundido. Alhelor avanza con cuidado por la zona segura y alcanza otra amplia zona llena de cuartos, cada uno con una puerta. Decide entonces examinar todos los pasillos de esta zona con detenimiento, y, para ahorrar tiempo, pide a sus compañeros que examinen los compartimentos del segundo almacén. En la cámara de en medio, según estos van avanzando entre cajas de madera, son atacados por tres ratas grandísimas. Deris y Marak son heridos y retroceden, mientras, avisados por el ruido, el elfo y Melisana se acercan a auxiliarlos. Sin embargo, las ratas desaparecen entre las cajas, huyendo por un par de agujeros excavados en la pared. Los aventureros, preparan más antorchas, con los nervios alterados por el ruido cada vez más elevado y cercano de la excavación. En la zona de los cuartos, Alhelor encuentra otro cable en una de las puertas. Se protege colocándose a un lado y abre la puerta de un empujón a la manivela. Una saeta sale disparada y se clava precisamente en su mano, lo único que no está protegido al realizar la maniobra. La herida no le incapacita, pero es profunda y pierde bastante sangre. Deciden hacer una cuerda con el viejo tejido y Alhelor prueba a descolgarse por el pozo atado a la cuerda, pero esta se desgarra nada más cargar su peso en ella. Por fortuna el elfo se agarra al borde del pozo y consigue salir indemne. Bastante desesperados, miran a Gofus como su única solución. “¿No pensaréis que voy a entrar por la gruta de las ratas? Es una muerte cierta” -asegura el gnomo. Sus compañeros intentan convencerle, pero Godus repite que de ninguna manera podría vencer a una rata enfurecida en defensa de su madriguera. Intentan dominar los nervios y buscar en la cámara contigua a la de las ratas, teniendo que retirar muchas y pesadas cajas para llegar hasta la pared del fondo, donde encuentran finalmente una puerta secreta. Las cajas están llenas de tierra y piedras. Maldiciendo a Keestake, forman un parapeto hasta el techo en el acceso de la cámara con ellas mientras van despejando el área para acceder a la puerta. Abren la puerta y avanzan por un largo pasillo hasta llegar a una vasta cámara. A su izquierda hay dos compartimentos y luego sigue una pared de ladrillo bien diferente a las otras paredes, excavadas en la roca. Alhehor avanza por la derecha y encuentra una palanca, mientras por la izquierda avanzan sus compañeros pasando ante dos tumbas. Cuando el elfo tira de la palanca, se desploma el muro del fondo, mostrando una amplia abertura que da al mar por medio de una corta rampa tallada en la piedra. Al mismo tiempo, de las tumbas se levantan los cuerpos incorruptos, pero sin vida, de un guerrero y una mujer, que les atacan.